Archivo del Autor: spinelli88

Lorca y la Guerra Civil

“La enorme figura del poeta y dramaturgo,
que ya había traspasado fronteras, y su rápida ejecución
han llenado de claroscuros un relato con demasiados narradores” […]

http://www.elmundo.es/especiales/espana/guerra-civil/lorca.html

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¡Ay! Carmela

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Pablo Neruda en la poesía de la Guerra Civil española

“A raíz de la lectura de “Confieso que he vivido”, las entretenidas memorias de Neruda que tanto nos muestra de la ideosincracia del chileno y nos acerca más a este gran personaje, con todos sus voraces apetitos (de todo tipo), quisiera compartir algunos detalles -aunque no sean del total agrado de una erudita y medieval amiga bloguera- que me han impresionado de ese amargo período de la historia española: su sangrienta guerra civil.
Neruda recuerda que para él la guerra de España empezó el 19 de julio del año 1936, cuando no concurrió a una cita con Neruda, acordada para esa noche, Federico García Lorca, que era apresado y posteriormente fusilado en Granada. Según Neruda, esa guerra cambió su poesía.
Muchos poetas, escritores e intelectuales lucharon contra esa guerra, la que según Neruda despertó la mayor muestra de solidaridad de éstos, más que en la segunda guerra mundial, que empezaría unos años después. Neruda participó en la organización de varios congresos de escritores que se pronunciaban en contra de Franco. Además, por este apoyo, Neruda perdió su cargo de Cónsul en Madrid, ya que Chile apoyaba a este general.
Pero lo que quería contar era como se gestó e imprimió el libro de Neruda “España en el corazón”, en plena guerra civil. Un amigo de Neruda, Manuel Altolaguirre, poeta e impresor, instaló una imprenta en el frente del Este, cerca de Gerona, en un viejo monasterio, en medio de los cruentos combates.
Los soldados de ese frente de resistencia aprendieron a parar los tipos de imprenta. Y cuando faltaba papel, lo fabricaron ellos mismos en un molino abandonado. Eso sí, con una mezcla muy extraña, que incluía de todo, banderas del enemigo, túnicas ensangrentadas de soldados moros y otros elementos insólitos, pero a pesar de todo, el papel quedó muy hermoso, según Neruda.
Los pocos ejemplares que se conservan asombran por su tipografía y por los pliegos de su misteriosa manufactura. Incluso, Neruda recuerda haber visto uno de ellos en la biblioteca del Congreso Norteamericano, en Washington, puesto en una vitrina especial, como uno de los libros más raros del mundo.
Neruda termina este relato señalando que apenas impreso y encuadernado su libro, sobreviene la derrota de la República y comienza el éxodo de cientos de miles de españoles, y de estos soldados del Este que, orgullosos de haber trabajado en el libro, llevaban sacos de éstos en su camino a Francia. Esta columna fue muchas veces bombardeada y los pocos que lograron cruzar la frontera fueron muy maltratados. Un bello párrafo finaliza con estas palabras: “En una hoguera fueron inmolados los últimos ejemplares de aquel libro ardiente que nació y murió en plena batalla”.

[Extraído de http://garaya.blogspot.com/2005/08/neruda-y-la-guerra-civil-espaola.html%5D

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Antonio Machado a la muerte de Lorca

EL CRIMEN FUE EN GRANADA: A FEDERICO GARCÍA LORCA

1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

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